Respecto a lo de cambiar de decisión, la elección de la profesión
futura es por excelencia la de los niños.
Pueden ser flautistas de colines, afiladores de corcheas,
cantantes con rollos de cocina, astronautas en los simuladores, los Indiana
Jones en los laberintos de las cajas de cereales, catadores de gominolas,
profesionales en el campo de poner caras en los espejos, investigadores de crímenes
con lupas que regalan con los cartabones, pintores de pared con plastidecor y
rotulador permanente, bailarines de la danza de la lluvia, francotiradores con
tubo de bolígrafo “bic” y bolita de papel, sopranos de la canción de la
sirenita, expertos en hacer pociones y experimentos con pimentón y azúcar,
comedores de nesquik a palo seco y con cucharón sopero…
Luego se hacen mayores y el sueño se acaba.
Y ahí es cuando termina su carrera, y acaban siendo ladrones de
corazones y peladores con cuchillo de carnicero de la felicidad.
El posdata lo escribo en mi mente, ya lo he puesto mucho aquí.
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